Por aquellos años el rock estaba en plena efervescencia, grandes solistas como Miguel Ríos, Loquillo, Tino Casal o Rosendo Mercado, entre otros muchos y grupos musicales como Héroes del Silencio con la inconfundible voz de Enrique Bunbury; Nacha Pop, liderada por Antonio Vega; o Barricada ponían la nota al panorama musical español, pero también había pequeños grupos, muchos, menos famosos, pero eran de sobra conocidos en los círculos locales o provinciales por los que se movían.
Ese era el caso del grupo alcarreño Azimut, integrado por José Carlos Ortiz (Teclas), Pepe Simón (Teclas), Carlos Blasco (Batería), Ignacio Simón (Guitarra) y Luis Ortiz (Bajo) y que lo mismo te hacian la verbena de la Antigua, o te animaban las fiesta de Lupiana, Sigüenza, Sacedón o Peñalver, por poner un ejemplo, pero también eran capaces de levantar al público siendo teloneros del gran Miguel Ríos en uno de sus primeros conciertos en la capital y celebrado el 24 de julio de 1980.
De aquel concierto, que aún muchos recuerdan, publicó una nota el periodista Félix Torcal en el semanario Flores y Abejas en su edición del 30 de julio.
«Miguel Ríos hizo vibrar a la gente del rock
La víspera de Santiago de este año la recordarán los amantes del rock en tanto no se celebre un festival de la categoría del celebrado en ese día. Además es buen sistema, o buen «rollo», para los iniciados, el que junto a una figura de talla nacional actúen los más significativos grupos de la marcha alcarreña.
En conjunto el festival resultó un éxito de organización, el único pero fue la desaparición en tres ocasiones de la corriente eléctrica, que rompió el nivel de vibraciones que las cerca de tres mil personas congregadas en torno a la «magia» del rock, habían logrado hasta el momento.
Nuestros paisanos de Azimut lograron un muy respetabilísimo nivel en la parte instrumental, pero lo estropearon cuando introducían la voz, que sonaba muy por debajo del nivel de sus instrumentos. En cualquier caso, demostraron fama de ser el mejor grupo del contorno, y dejaron un buen sabor de boca para futuras actuaciones. Todo el mundo apreció sus futuras posibilidades, y todos nos exasperamos con el enorme retraso con que dieron comienzo a su actuación.
De Miguel Ríos, la rutilante estrella de la noche, no voy a descubrir nada nuevo. Todo el mundo le conoce perfectamente. Miguel consiguió levantar el ánimo, un tanto frío, del público, desde los primeros compases del rock & roll «Boomerang». Y poco a poco la gente fue bajando a tomar su ración de vibraciones que Miguel solicitaba, a la arena de la plaza de toros.
Únicamente incluyó en el repertorio una canción de tinte romántico, pero cambió inmediatamente de estilo tras la interpretación de «Santa Lucía», lo que apreció sobradamente el respetable. El cambio de estilo hizo subir la temperatura en la plaza y también el olor agridulce, y es que los viejos rocks siguen sin morir, porque la interpretación de «El Rey del Rock», «El Rock de la Cárcel», «La Popotitos»… llevaron al público al mejor nivel de la marcha que Miguel solicitaba y provocaba con su buen hacer en el escenario, llegando directo a la sensibilidad del público y logrando una gran comunicación entre su música y el espectador.
Tampoco hay que olvidar la profesionalidad de su troupe, con un gran nivel de calidad musical; con ellos Miguel Ríos combina un estupendo cóctel que significa un buen show, que en definitiva es lo que presenciamos.
F. TORCAL»
























