Pasear por la ciudad es descubrir su intra historia, saber quien fue tal o cual personaje, a quien le han dedicado una calle o un monumento en un parque. La ciudad no solo se vive en las calles, se pasea o se recorre.
En el parque de La Concordia, en el lado que linda con La Carrera, frente al kiosko de la música y más o menos a mitad de este parque, existe una plazoleta en la que hay un monumento que, para muchos, pasa desapercibido e incluso no sepan de su existencia.
Se trata del busto en bronce erigido al general Pedro Vives y Vich, pionero de la aviación en España, tanto militar como civil.
Nació en Igualada el 20 de enero de 1858 y falleció en Madrid el 9 de marzo de 1938. Su interés por la ingeniería le llevó, con tan solo 17 años a ingresar en la Academia de Ingeniero de Guadalajara. Se graduó como teniente de ingeniero militar con tan solo veinte años (desde 1878) y principal pionero de la aerostación y la aviación militar y civil española. Primer español que voló en avión (1909). Fundador y primer Jefe de la Fuerza Aérea Española (nace en 1913, a instancias y bajo el mando de Vives, como Sección de Aviación del Servicio de Aeronáutica Militar de Ingenieros Militares, dirigido por él desde 1896). Ministro de Fomento y Obras Públicas (desde 1923), Gobernador militar de Cartagena (1922-1923) entre otros muchos cargos.
Los últimos años de su vida los pasó, dedicado a la agricultura, en Azuqueca de Henares de donde era su esposa Inocencia Camino.
Uno de sus hijos, el también teniente general Francisco Vives Camino residió en Azuqueca de Henares, donde tiene dedicada céntrica plaza y en la ciudad de Guadalajara es recordado por una calle que lleva su nombre y el aeródromo de Robledillo de Mohernando que está dedicado a él.
El homenaje al fundador de la aviación
Guadalajara, el 20 de enero de 1960, rinde homenaje publico al general que salido de las aulas de la academia de ingenieros con el descubrimiento de un busto de bronce en una plazoleta del parque de la Concordia de la capital alcarreña.
La prensa guadalajareña dedica amplio espacio a la jornada.
«El acto lo preside el Ministro del Ejército teniente general Barroso, quien fue recibido a la entrada del andén central del paseo por el gobernador civil de la provincia, señor Pardo Gayoso; presidente de la Audiencia, señor Ruiz Salinas; alcalde de la capital, señor Sanz Vázquez; presidente de la Diputación, señor Delgado Rollán, y demás autoridades provinciales y locales. Asimismo esperaban al ministro los tenientes generales Marín de Bernardo y Gutiérrez de Soto, capitanes generales, respectivamente, de la 6.ª y 8.ª Regiones militares; teniente general, señor Cánovas de la Cruz; general inspector de Armamento y Construcción, señor Jiménez Montero; director general de Fortificaciones y Obras, señor Azofra; jefe de Transmisiones del Ejército, general Angulo; segundo jefe, general Caballero Fiscal del Consejo Supremo de Justicia Militar; general Troncoso; general jefe de Ingenieros del Ejército, señor Tejedor; generales del Ejército, señores Valcárcel, Sarmiento, Cremades, Rodríguez, Roldán y Aguirre; inspector general del Instituto Geográfico y Estadístico, señor Rodríguez Navarro de Fuentes; el general de Ingenieros y coronel del Ejército del Aire, respectivamente, don Francisco y don Fernando Vives, hijos del homenajeado; alcalde de la ciudad de Igualada, lugar de nacimiento del general Vives y Vich, señor Singla; una nutrida representación de los Antiguos Alumnos de los Colegios de Huérfanos de la Guerra de Guadalajara y otros jefes y oficiales, así como representaciones civiles
El homenaje dio comienzo con un ponderado discurso del alcalde de la capital, doctor Sanz Vázquez, en el que puso de relieve los entrañables vínculos espirituales que unen a Guadalajara con el Arma de Ingenieros. Refiriéndose a la Academia, el orador señaló los sacrificios de todo orden, concretamente económicos, que el Ayuntamiento de la ciudad llevó a cabo, incluso hasta la enajenación de todos sus bienes patrimoniales para que Guadalajara fuese cuna y solar de los ingenieros militares durante más de un siglo. Después de hacer historia de las gestiones llevadas a efecto en las altas esferas estatales en los años transcurridos desde el final de nuestra guerra hasta nuestros días, pues Guadalajara no ha renunciado a su Academia de Ingenieros, el señor Sanz Vázquez terminó diciendo que nada, ni las mayores prosperidades, podrán consolar a Guadalajara de la ausencia de la Academia de Ingenieros, a la que tan vinculada se hallaba por entrañables lazos históricos y familiares.
Seguidamente hicieron uso de la palabra el general Azofra y el teniente general Marín de Bernardos, quienes en términos emotivos glosaron la personalidad del homenajeado desde el punto de vista militar, científico, como en el orden puramente humano, destacando su enorme preocupación por todos los problemas relacionados con la aeronáutica y las innovaciones técnicas en el campo de la ingeniería militar.
Acto seguido, el ministro procedió, en medio del mayor silencio de los millares de personas asistentes al acto, al descubrimiento del busto en bronce del señor Vives y Vich, pronunciando seguidamente una vibrante alocución, en la que puso de relieve su admiración por el homenajeado, «cuyos órdenes combatió en la campaña de África». Terminó con un ¡Viva España!, que fue contestado emocionadamente por todos los presentes.
Por último, don Fernando Vives, coronel del Cuerpo Jurídico, en nombre de los hijos de don Pedro Vives y Vich, expresó las razones sentimentales que vinculaban a su padre con la ciudad de Guadalajara, a la que consideró siempre como su segunda patria chica.
«Nuestro padre —dijo— nos enseñó a querer a Guadalajara; por eso, terminó diciendo, me permito un ruego al señor ministro para que haga todo cuanto pueda por esta hidalga ciudad. Guadalajara, maltratada por la suerte, perdió todo cuanto más amaba: su Academia de Ingenieros, sus Colegios de Huérfanos, su industria, los mejores de sus hijos en las jornadas iniciales del Alzamiento, y nada ha pedido a cuenta sino la devolución de lo que le ha sido arrebatado»», concluía Nueva Alcarria.
Terminado el acto, las autoridades se trasladaron seguidamente a la calle próxima al paseo de las Cruces, que por acuerdo municipal ha recibido el nombre de Capitán Arenas, laureado molinés muerto en Monte Arruit, en el año 1921.
Fotos: Andrada
Archivo: Fototeca Histórica de Guadalajara













