Durante su paseo al fotógrafo le gustaba buscar planos inéditos, tomas curiosas o simplemente fijarse en la gente que iba o venia por la calle, deambulando, con o sin prisa, mirando escaparates o a ese grupo de amigos que caminan juntos.
Era el 6 de junio de 1993. En ese paseo, junto a la concatedral de Santa María, el fotógrafo se percató de un grupo de cuatro jubilados que se encontraban sentados en un banco y que tranquilamente tomaban y charlaban al sol de una mañana primaveral.
Quizás se dieron cuenta de que el fotógrafo les había fotografiado, pero de eso el fotógrafo no tiene memoria.
La imagen nos ofrece un rincón de la plaza de Santa María, por la que aún circulaban coches con destino o salida del barrio del Alamín por el puente de las Infantas. El edificio religioso había sufrido con el tiempo graves deterioros, ya que por aquellos años tuvieron que apuntalar el tejado de su atrio por peligro de derrumbe. Poco tiempo después sufrió una importante reforma.
La Guadalajara que un día conocimos se nos presenta así.






