La Semana Santa de 1988 se caracterizó por el comienzo de un resurgimiento que año tras año a dado sus frutos con la consecución, tiempo después, de la vitola de fiesta de interés turístico provincial y regional, gracias al trabajo llevado a cabo por la junta de cofradías, que se encarga de aunar todos los esfuerzos organizativos. Poco a poco los penitentes se han ido dirigiendo a las diversas cofradías y hermandades para ser partícipes de la Semana Santa guadalajareña.
Fernando Chápuli firmaba en el semanario Flores y Abejas, en su edición del 6 de abril de 1988, una larga crónica sobre nuestra Semana Santa. Lo titulaba: «La Semana Santa arriacense, con paso firme«, y continuación escribía: «Como ya apuntábamos en nuestro anterior número, la Semana Santa arriacense ha empezado a caminar con paso firme. Si 1986 ya se vislumbraba cierto resurgimiento, en esta edición se ha confirmado y consolidado aquel principio. 1988 ha sido el año del despegue definitivo de esta manifestación religiosa que tiene su reflejo en las calles por medio de los desfiles procesionales. Cuatrocientos ochenta cofrades -50 más que en 1987- han dado vida a la Semana Santa, acompañando a los respectivos «pasos». La bondad climatológica y numeroso público en las aceras, contribuyó, positivamente, a dar mayor realce a los mismos…»
ÉXITO DE PUBLICO LA PROCESION «DEL SILENCIO
«Mucho público para contemplar la procesión del «Silencio y Santo Sepulcro» que partía a las nueve y media de la noche de la Concatedral, tras la incorporación de las cofradías con sede en las iglesias de San Ginés, San Nicolás y Santiago Apóstol. Una vistosa procesión, que adoleció de excesiva lentitud, repitiéndose el desorden que apuntábamos el año anterior al no darse secuencia temporal a los distintos «pasos», cuando se pretende, y así lo entendemos, resumir la Pasión con siete «pasos».
El cortejo procesional se abría con la cofradía «Nuestro Padre Jesús de la Pasión» con los bellos pasos de «La Piedad» y «La Virgen de la Esperanza» -La Macarena-, y a continuación la de «Ntro. Padre Jesús de Nazareno», que presentaba el Cristo coronado y a un Cristo Crucificado porteado por cuatro personas. Este Cristo, que protagonizó el Vía Crucis del Jueves/noche, como decíamos el año pasado, desentona del conjunto de pasos». Sus proporciones anatómicas son extrañas y su tamaño es bastante reducido con respecto al resto de las imágenes que se exhiben en esta «magna» procesión».
«BAILAR A UN CRISTO»
«A continuación la Hermandad del «Santísimo Cristo del Amor y de la Paz», cuyo Cristo fue el auténtico protagonista del desfile, por la conjugada ejecución de los treinta costaleros que le porteaban, quienes le «bailaban» magníficamente entre el aplauso y los vivas del público, que jalonaba su recorrido.
Seguía la Cofradía de «Nuestra Señora de los Dolores», con esa bella imagen melancólica у firme, a la que acompañaban cerca de 65 capirotes, cinco más que el año anterior.
La imagen de Cruz Solís del Cristo Yacente, era acompañada por unos 20 miembros de la Hermandad de los «Caballeros del Santo Sepulcro». El «рaso» del Santo Sepulcro» ha cambiado su iluminación de antorchas humeantes por la de tubos fluorescentes. El aspecto se ha empobrecido. La mencionada Hermandad presenta habitualmente este reducido número de penitentes.
Concluía la procesión con el desfile de la más antigua de las cofradías que existen en Guadalajara, la de «La Soledad», acompañando a la severa y bella imagen de José Martínez Andes, unos ciento cuarenta cofrades, veinte menos que el año pasado.
En resumen, una procesión de gran impacto que precisa dar ciertos retoques para llegar a ser verdaderamente «magna»«.































