Era primavera, un Viernes Santo más concretamente, el viajero había estado ese mismo día en la Pasión Viviente de Hiendelaencia (el reportaje de aquella vista lo puedes leer aquí: 1981. Hiendelaencina,«pasión» por su Pasión Viviente). De regreso y acompañado de un grupo de amigos, decidieron parar en Alcorlo, ya que pronto el agua llegaría a cubrir sus calles.
La presa había cerrado sus puertas y el agua del Bornoba empezaba a embalsarse; primero anegando la parte baja, las huertas y las cercanías al río, así como el viejo puente que les unia con el mundo; luego llegaría a las casas y antes de hacerlo se decidió desmontar piedra a piedra la iglesia parroquial (originalmente del Salvador) y trasladarla al barrio de Asfain en Azuqueca de Henares (Guadalajara), funcionando hoy como la iglesia de Santa Teresa de Jesús.
Aquel día el viajero y sus amigos caminaron por última vez por su calles, recorrieron el pueblo y documentaron sus edificios ya vacíos.
Alcorlo sigue vivo, aunque sus restos estén bajo las frías aguas del Bornoba.
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